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Foto: European Union/ECHO/A. Aragon 2016

Crecer en uno de los barrios más peligrosos del mundo

Publicado 12 Sep 2018

Secuestros, extorsiones, vigilancia, violencia y desplazamiento forzado. Un barrio en Honduras está controlado por seis bandas criminales, que ahora están más allá del control del gobierno. Para los niños y niñas que viven aquí, asistir a la escuela puede ser una tarea peligrosa, pero es una de las pocas opciones que tienen para buscar una vida mejor.

Las fronteras entre los territorios de las diferentes pandillas son invisibles. Pero para todos los que viven en el barrio, conocer exactamente dónde están esas fronteras, es crucial. Dar un paso en el territorio equivocado puede tener consecuencias fatales.

Es peligroso para los niños y niñas jugar en los parques infantiles o en las canchas de fútbol. Las pandillas controlan los espacios públicos que ulguna vez estuvieron disponibles para todos. Las personas reciben disparos y a veces incluso ocurren masacres.

Nunca salir solo

El acceso al transporte público es limitado debido a las amenazas y asesinatos, lo mismo ocurre con los buses escolares. Muchos niños y niñas no pueden asistir a la escuela. Aquellos que se arriesgan deben aprender el lenguaje de señas de las pandillas para sobrevivir en el camino hacia y desde la escuela.

Un niño de doce años ha vivido en este barrio su vida entera. Lo encontramos en una de las escuelas apoyadas por el Consejo Noruego para Refugiados (NRC). Él está sentando en una silla, con sus piernas colgadas, mientras habla sobre cómo es crecer en este barrio.

“Es agradable vivir aquí, porque es fácil hacer amigos. Pero es malo cómo las personas están siendo asesinadas. Nunca salgo solo, mis padres tienen que caminar conmigo. Un día, estaba en la casa de unos amigos y un hombre fue asesinado justo afuera. Tengo miedo de que ellos también vengan por mí.”

Mantener abiertas las ventanas del vehículo 

Hace tres años, Honduras estaba en la parte superior de la lista de los países más peligrosos en el mundo y San Pedro Sula estaba en la parte superior de la lista de las ciudades más peligrosas. Hoy, San Pedro Sula ha caído más de 20 posiciones en el ranking mundial de las 50 ciudades más violentas en el mundo, con 51,18 por 100.000 personas.

El barrio se encuentra a las afueras de la segunda ciudad más grande de Honduras, San Pedro Sula. Las personas que conducen en esta área deben saber que sus ventanas tienen que permanecer abiertas para que los guardias que mantienen la vigilancia por parte de las pandillas -a menudo niños y jóvenes- puedan tener el control de quiénes están entrando y saliendo.

Un adolescente con gorra nos sigue con la mirada mientras conducimos hacia la escuela. Él silba y sonríe. Pasamos casas en ruinas, tiendas y viviendas con techos de plástico. Un perro está acostado en el medio del camino. Dos chicos están de pie al lado de una tienda – ambos tienen su mirada fija en nuestros dos vehículos.

Foto: European Union/ECHO/A. Aragon 2016

Escuela con cuatro entradas

La escuela está rodeada por una pared alta pintada con dibujos de colores brillantes realizados por los niños y niñas. Un techo sobre el patio de la escuela proporciona sombra. Dentro de las puertas hay plantas y juegos infantiles.

El edificio está ubicado en un área controlada por dos pandillas. Tiene cuatro entradas para que los niños y niñas no necesiten cruzar dentro de un territorio hostil yendo y viniendo de la escuela.

La escuela es parte de un programa de NRC donde los niños y niñas que han abandonado la escuela aprenden y reciben formación para que puedan hacer la transición a una escuela regular. NRC se asegura que los niños y niñas alcancen el nivel educativo en donde se suponen que deberían estar a su edad.

La escuela tiene 220 estudiantes que van desde los cuatro a catorce años, y siete maestros, todos nacidos y criados en este barrio. Los maestros de otras áreas no quien trabajar aquí.

Varios de los padres de los estudiantes son miembros de las pandillas; tal vez, al menos cuatro de cada diez niños tienen padres o familiares que hacen parte de una pandilla. Dentro del colegio, sin embargo, todos los niños son amigos y juegan juntos, aunque saben que sus padres son enemigos.

Maestros tocando puertas

¿Como haces para encontrar a los niños y niñas que han abandonado la escuela? Los maestros de esta escuela caminan alrededor del barrio tocando puertas para tratar de convencer a padres e hijos.

“Mi papá cree que las niñas que van a la escuela quedan embarazadas y que los maestros son malas personas. Él solo quería protegerme, es por eso que no me permitió ir a la escuela. Me perdí de dos años de escuela” Dice una niña de 14 años. Ella continúa:

“Ahora, vivo con mis abuelos. Cuando los maestros vinieron a nuestra puerta hace cuatro meses, yo le dije a mi familia que quería regresar a la escuela. Porque quiero aprender y quiero hacer algo con mi vida. Mi sueño es trabajar en una oficina agradable donde haya un computador. Gracias a NRC ahora estoy en la escuela y estoy muy agradecida”.

Falta de seguridad

NRC ha estado apoyando la escuela desde 2015. En 2016, catorce niños habían completado grado sexto. En 2017, 21 niños y niñas habían completado sexto grado. Esta fue una gran victoria personal para cada uno de los estudiantes.

Por ahora, sin embargo, el programa termina después del grado sexto. En esta escuela, los niños y niñas no pueden avanzar a séptimo, porque lamentablemente, no hay espacio ni recursos suficientes – todavía. Cuando el programa de enseñanza termine, existe el riesgo que algunos de los niños y niñas puedan ser reclutados por bandas criminales.

Los maestros de la escuela dicen que uno de los retos más grandes presentados por la falta de seguridad en este barrio, es que los niños y  niñas traen el mundo exterior al patio de la escuela.

Lleva tiempo que los nuevos estudiantes entiendan que la escuela es un espacio libre, donde pueden tomar un descanso de sus realidades, jugar y aprender con seguridad. Un lugar donde pueden recuperar su sueño de un futuro mejor.

NRC cree que el gobierno y las autoridades locales en San Pedro Sula pueden garantizar que las escuelas sean entornos seguros. Debería ser posible promover espacios de aprendizaje para niños y niñas cerca de sus hogares y prevenir el establecimiento de fronteras invisibles. Las escuelas necesitan adoptar programas educativos sensibles a la violencia, garantizar que la educación no genere violencia e incluir una educación de calidad como parte de la respuesta gubernamental.

 

Foto: Ana KArina Delgado Diaz/NRC

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