Refugiados,
situación laboral y Nueva Constitución
La cifra de personas desarraigadas
supera los 40 millones a nivel mundial,
es decir que una de cada 136 personas
se encuentra en esta situación, según
datos del Acnur.
Por Luz de Luna*
La Relatora Especial de la
Organización de las Naciones Unidas para los
derechos de los migrantes, Gabriela Rodríguez
Pizarro, hace poco llamó la atención sobre la
necesidad de fortalecer el derecho de asilo
y refugio a nivel mundial. Destacó que el fenómeno
migratorio será junto con el calentamiento global
el tema más sensible del siglo XXI. Según ella,
la prensa mundial recoge generalidades y términos
como "avalanchas de refugiados o migrantes",
que polarizan la opinión pública, pidiendo en
su llamamiento internacional que no se trate
como irregulares a las personas que demandan
refugio político.
La política 'pública' (sumergida,
no formal) del Ecuador para los refugiados y
refugiadas, más si provienen de Colombia, en
el campo laboral, puede sintetizarse con una
anécdota oída a un refugiado antioqueño hace
algunos años: “Decir refugiado, y colombiano,
significa condenarse a no conseguir trabajo.
O, mejor dicho, sí... “el trabajo” que los medios
de comunicación y la gente nos endilga: refugiado
colombiano quiere decir, para ellos, ejercer
el trabajo de delincuente, narcotraficante,
mafioso, sicario, o prostituta en el caso de
las mujeres”.
El
número de solicitantes de refugio en Ecuador,
provenientes de Colombia, desde el año
2000 a 2007, totaliza 45.381, habiendo
sido aceptados 14.300, según Acnur. Sin
embargo, el propio Acnur admite que existirían
250.000 colombianos sin documentos e incluso
fuentes gubernamentales señalan que serían
500.000 en total, entre migrantes legales,
ilegales y refugiados.
Una faceta desconocida:
El propio exilio
Según el informe actualizado
el 24 de febrero de 2008, del Instituto Nacional
de Estadísticas y Censos, INEC, el Ecuador tiene
un total de 1.571.450 migrantes en el exterior,
proyección realizada a junio del 2007. Sin embargo,
cifras no oficiales bordean los tres millones
de migrantes ecuatorianos en el exterior, de
un total poblacional nacional de doce millones.
De acuerdo con el INEC, el
Ecuador y sus habitantes, desde los últimos
40 años del siglo XX hasta la actualidad, son
testigos de tres olas migratorias:
La primera, que se da en los
años 60 y fue conocida como la emigración de
población del austro hacia los Estados Unidos
motivados por la venta de artesanías y sombreros
de paja toquilla. Una segunda ola registrada
en los 80 principalmente de los habitantes de
las provincias de Azuay y Cañar; básicamente
campesinos. La ola migratoria contemporánea
que data de fines de los noventa e inicios del
nuevo milenio, impulsada por la crisis del sistema
financiero ecuatoriano y el ingreso a la dolarización
y sus secuelas iniciales.
Es en esa aguda realidad, por
cuerda separada, convive la creciente realidad
de refugiados en nuestro territorio.
Los y las refugiadas
de Colombia en Ecuador
El número de solicitantes de
refugio en Ecuador, provenientes de Colombia,
desde el año 2000 a 2007, totaliza 45.381, habiendo
sido aceptados 14.300, según Acnur. Sin embargo,
el propio Acnur admite que existirían 250.000
colombianos sin documentos e incluso fuentes
gubernamentales señalan que serían 500.000 en
total, entre migrantes legales, ilegales y refugiados.
El
Ecuador ha logrado, después de muchos
años, que el Estado ciudadanizara su política
exterior, asimilando las demandas de la
sociedad civil ante los impactos del conflicto
colombiano, la militarización de los conflictos
en la frontera norte, y la presencia de
una base militar extranjera en su suelo.
Por ello, Acnur ha pasado a
considerar al Ecuador como el país con la mayor
población refugiada en toda América Latina.
La situación de los refugiados
es extremadamente difícil. A miles se les niega
el estatuto de refugiado, otros viven en el
anonimato por razones de seguridad, y la gran
mayoría desconoce la forma de aplicar en su
defensa los mecanismos de protección internacional.
Existe en el Ecuador a nivel
de refugiados que esperan la afirmación o negación
a sus solicitudes de refugio, una “Zona Gris”
donde las personas pasan en estado irregular
sin papeles ni derechos al trabajo, salud, seguro
social y educación.
La xenofobia y discriminación
se mantienen y atizan en esa atmósfera, bajo
el paraguas convencional de que “el colombiano
y peruano vienen a quitarnos el trabajo”, debido
a que la fuerza de trabajo migrante de esos
países es más barata que la propia.
Ante esa realidad, el Plan
Ecuador lanzado por el Gobierno actual busca
regularizar la población colombiana dedicando
130 millones de dólares, 40 millones del presupuesto
nacional y otros 80 de la cooperación internacional.
El Servicio Jesuita a Refugiados, SJR, admite
que el Plan Ecuador es un marco de acciones
futuras y una propuesta que pone en el debate
un tema objeto de silencio oficial, como la
presencia de un número mucho más alto de población
colombiana en Ecuador de lo que señalan las
cifras oficiales.
La xenofobia y discriminación se mantienen
y atizan en esa atmósfera, bajo el paraguas
convencional de que “el colombiano y peruano
vienen a quitarnos el trabajo”, debido
a que la fuerza de trabajo migrante de
esos países es más barata que la propia.
Pero si el Plan Ecuador no
llega a operativizarse va a sufrir la misma
suerte de otros tantos planes que han sido archivados,
ante lo que se ha propuesto adoptar una nueva
ley para la determinación del refugio que se
corresponda con la realidad actual y reemplace
a la antigua ley que data de 1992.
En una reciente entrevista
a la Agencia Latinoamericana de Información,
ALAI, Guillermo Robayo, director del Servicio
Jesuita de Refugiados Ecuador, denunció que
desde hace unos seis o siete años, la visión
del Estado ecuatoriano frente al refugio ha
estado marcada por la seguridad nacional, es
decir cero derechos, y, en segundo lugar, por
no tener una política clara sobre lo que significan
las migraciones y específicamente lo que significa
la población que vive en situación de refugio.
Coyuntura y legislación
ecuatoriana en materia de refugio
El momento actual ha traducido, a su manera,
el sentimiento mayoritario del país en defensa
de la soberanía, seguridad y dignidad; y, desde
2005 a hoy, se guarda una línea progresista
en política exterior, que le permite a nuestro
país mirar más allá de sus fronteras norte y
sur, guardando relaciones diplomáticas realistas
con Colombia y Perú.
El Ecuador ha logrado, después
de muchos años, que el Estado ciudadanizara
su política exterior, asimilando las demandas
de la sociedad civil ante los impactos del conflicto
colombiano, la militarización de los conflictos
en la frontera norte, y la presencia de una
base militar extranjera en su suelo.
Esos temas son ya superados:
la base se irá en un año, el Ecuador volvió
a su política exterior de los setenta a los
ochenta de no involucrarse y pasó a una etapa
realista en sus relaciones con Bogotá.
La legislación ecuatoriana,
comparada con la legislación de los otros países
de la región andina, se reconoce como la más
progresista y democrática y la que más ha concretado
sus principios a la normativa internacional
en materia de refugio.
Desde el retorno a la democracia
en 1979, Ecuador –a diferencia de otros países
del área–, ha reactualizado su legislación interna
ajustándola a los postulados de la legislación
internacional en materia de refugio y asilo.
La
coyuntura desfavorable en que se ha desenvuelto
el refugio en material laboral, especialmente
de las poblaciones colombianas, obedece
al temor por la posible extensión del
conflicto interno colombiano en Ecuador
y la región, lo que ha originado un ambiente
negativo a nivel mediático y que se hayan
hecho rígidas algunas medidas de control,
en detrimento de algunos derechos de las
y los refugiados.
Por ejemplo, el Ministerio
de Educación dictó el acuerdo 445 que posibilita
el acceso a la educación de niños y niñas sin
importar la situación legal de sus padres. Esa
conquista no se cumple del todo, puesto que
muchos directores y rectores hacen caso omiso
de esa disposición legal de carácter obligatorio.
Los avances inesperados
En los tres últimos años, el
Estado ecuatoriano a través de medidas impensables
en el pasado, dictó medidas públicas de inserción
y protección laboral para la protección y el
beneficio de migrantes peruanos y colombianos
y de refugiados en general, así como inició
a través de medidas gubernamentales en las administraciones
presidenciales de Alfredo Palacio y Rafael Correa,
el paso hacia la legalización de cientos de
miles de ciudadanos y ciudadanas de Colombia
en situación irregular.
La coyuntura desfavorable en
que se ha desenvuelto el refugio en material
laboral, especialmente de las poblaciones colombianas,
obedece al temor por la posible extensión del
conflicto interno colombiano en Ecuador y la
región, lo que ha originado un ambiente negativo
a nivel mediático y que se hayan hecho rígidas
algunas medidas de control, en detrimento de
algunos derechos de las y los refugiados.
Desde la sociedad civil, las
organizaciones que conforman la Coalición
inter-institucional para las migraciones y el
refugio, han presentado propuestas vigorosas
en relación a los derechos laborales, el trabajo,
los migrantes y los refugiados en Ecuador, a
la recién instalada Asamblea Nacional Constituyente.
Para afrontar la negación de
sus derechos y volverse visibles, unas 600 personas
refugiadas se han organizado en la Asociación
de Refugiados Colombianos en Ecuador, Arcoe,
para incidir en las políticas públicas sobre
el refugio y llamar la atención de los gobiernos
para que apoyen los programas de atención que
el Ecuador lleva a cabo a favor de las y los
refugiados colombianos.
Invisibilizados, la situación
de muchos colombianos que huyen de su país todavía
no ha sido abordada a profundidad no sólo por
el Estado sino por la sociedad ecuatoriana,
y menos aún por el gobierno colombiano, que
ha mostrado indiferencia ante esta realidad
originada desde su propio territorio.
Invisibilizados,
la situación de muchos colombianos que
huyen de su país todavía no ha sido abordada
a profundidad no sólo por el Estado sino
por la sociedad ecuatoriana, y menos aún
por el gobierno colombiano, que ha mostrado
indiferencia ante esta realidad originada
desde su propio territorio.
A manera de sugerencias
Es necesario anotar que se
requiere un trabajo coordinado entre Estados,
sociedades civiles y países vecinos para impulsar
instrumentos con los cuales dar un carácter
vinculante a la legislación internacional sobre
asilo y refugiados, especialmente en materia
laboral.
Una apertura de espacios en
asesoría y toma de decisiones para las organizaciones
civiles en espacios institucionales como el
Comité de Elegibilidad, ayudaría a tomar decisiones
que consideren razones de Estado y razones sociales.
Desarrollar una estrategia
de comunicación que incluya tanto a las autoridades
como a la población de las mayores áreas receptoras
de refugiados, con el propósito de contribuir
en la eliminación de estereotipos causados por
desinformación, que ocasionan maltratos o violación
de los derechos humanos de la población refugiada.
Bibliografía
Introducción:
Acnur. Situación de los Refugiados en el Mundo,
50 Años de Acción
Humanitaria. 2000.
Acnur Estatuto de la Oficina del Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los
Refugiados.
Acnur. Guía de Campo para ONG.
Acnur y Unión Interparlamentaria. Protección
de los Refugiados.
Consejo Latinoamericano de Iglesias. Documento
de Ecuador para la Consulta Regional sobre Refugio
y Desplazamiento, Lima, 1993.
Inredh, Refugiados y trabajadores, Las condiciones
laborales de las mujeres en situación de refugio,
Quito, 2006.
Eduardo Tamayo, ALAI, Día del refugiado: “Que
abran los ojos a nuestras penas”.
* Especialista
ecuatoriana en Refugio y Trabajo del área andina.