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fotos: Carlos Gálviz
   
 
Son treinta y seis años ya los que ha vivido Ofelia y en su rostro se demarca el castigo de la vida sin embargo su timbre de voz, irradia una sabiduría desbordante. No puedo dejar de mirarla, espero con ansiedad que termine de contar y empacar los pantalones para que me venga a contagiar con esa bondad que sólo ella sabe expresar.
   

 

Por Edwin Camargo*

Hola hijo, discúlpeme por la demora… Te cuento que tengo que ir hasta San Cristóbal, estado Táchira a sellar el documento (solicitud de Refugio). Estoy preocupada porque ya han pasado siete días desde que se me venció el papel y me da miedo que me lo vayan a quitar. El mes pasado fui a la Secretaría Técnica para los Refugiados y una doctora allí me quitó los documentos de mis dos hijas, y el del mi niño. Yo traté de hablar con ellos pero me dijeron que la Comisión Nacional Para los Refugiados había dado una nueva orden de confiscarles los documentos a las personas que dejaran vencer la solicitud.

El documento tenemos que renovarlo mensualmente, pero me pareció extraño pues otras veces nos habían dejado sellar, así hubiesen pasado tres meses. No sé qué hacer, por eso me preocupa. Ya le advertí a la gente de la comunidad para que no dejen pasar más tiempo. Hay gente convencida de que van a trasladar los sellos para San Antonio, pues en un evento al que nos invitaron nos dijeron eso, pero en la Secretaría del Táchira me dijeron que ese cambio de sede, era imposible.

Es muy difícil para nosotros ir hasta allá. Además, tenemos que viajar todos los que seamos solicitantes. Hay que llevar a los niños, nosotros no podemos sellar por ellos, lo cual complica nuestra situación, pues muchas veces hay plata para ir una sola persona, como me pasó a mí, y por eso me quitaron los documentos de mis hijos.

Tengo que sacar tiempo para ir la próxima semana, sin embargo, aquí hay mucho trabajo con la maquila y los patrones se molestan si les pido otra vez permiso para ir a San Cristóbal, ya que pierdo un día de producción. Y en mi caso, hacer el viaje, significaría gastar lo de una jornada de trabajo, y eso sin comer nada, sólo pago los pasajes. Y además pierdo un día más de producción. Me tocará trabajar hasta tarde para recuperar el tiempo perdido.

El viaje en sí, es toda una travesía. Me levanto a las cuatro de la mañana y les dejo el desayuno y el almuerzo hecho a mis hijos. A las cinco de la mañana salgo de la casa y me voy caminando hasta la parada de la buseta, en ese trayecto.

pierdo veinte minutos. De allí subo a una buseta hasta San Antonio para luego partir a San Cristóbal. Voy llegando a la oficina de extranjería de ocho y media a nueve de la mañana y eso si no me detienen en la alcabala de la Guardia Nacional de Peracal. Uno sabe a la hora que sale, pero nunca a la hora que regresa. El viaje es largo y agotador.

Muchas veces la Guardia Nacional nos pone problemas para pasar sino les pagamos, nos toca amenazarlos que vamos a llamar a Acnur, entonces con toda la rabia del mundo nos dejan pasar. Antes pagábamos, pero ahora nos dicen las Ongs que tenemos derechos por tener ese documento, entonces no pagamos, nos quedamos ahí parados hasta que nos dan vía libre. Otras veces nos hacen esperar afuera de la buseta para que toda la gente nos vea, ¡como si fuéramos gente mala!

Ya en San Cristóbal, en mi caso, sé cuál es la buseta que me lleva hasta la extranjería a sellar, y cuál debo abordar para ir a recibir la firma por parte de la Secretaría Técnica Regional. Pero hay gente que no sabe cómo llegar, entonces puede gastar en traslados en taxi, la plata de una o dos semanas de trabajo.

Pero toca hacer el esfuerzo, ya son cinco años que hemos estado en Venezuela, para perder el documento. Aún no sé qué voy hacer con mis hijos, al final tocará regresarlos a Colombia, pues era lo único que nos mantenía acá, ahora se pierden las esperanzas de que ellos puedan estudiar algún día en una de las universidades de este país.

* Estudiante de Comunicación Social de la Universidad de Los Andes, Táchira

 
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